El otoño

El otoño tiene mala fama. Dicen que es la estación de la tristeza, en la que las depresiones aumentan y el ánimo, al igual que las hojas de los árboles, va de capa caída. El día acorta y la noche alarga. Los árboles se desnudan. El verano y sus desmanes quedan lejos y ya son, tan sólo, un vago recuerdo.

Soy de los que disfrutan de todas las estaciones, y más desde que dejé de vivir en la ciudad para hacerme más rural. En las ciudades no hay estaciones, sólo hay asfalto y ruido. Tampoco hay estrellas; las iluminaciones faraónicas nos las han robado. Me viene al recuerdo el espectáculo sobrecogedor, por su magnitud e inmensidad, que tuve ocasión de disfrutar una noche sin luna en pleno desierto del Rajasthan de la India. Allí me di cuenta que el firmamento existe, que, en una noche sin luna, hay una tenue luminosidad generada por las propias estrellas. Fue una de las vivencias más emotivas y sensuales que he podido sentir. Viendo aquella noche el firmamento y  el mar de estrellas, te sientes pequeño, insignificante; todo queda relativizado.

Vuelvo al otoño. Debo ir contracorriente. A mí, el otoño me fascina. Es la estación de la luz, esa luz que tan magistralmente reflejó Sorolla en sus cuadros. Esa luz que deja de ser cenital para iluminar de forma lateral. Esa luz tan mágica para los fotógrafos; luz que moldea, que da volumen, que crea sombras y texturas.

El otoño en el Mediterráneo, donde vivo, es la estación de la limpieza. La lluvia está garantizada y limpia nuestra atmósfera de la suciedad e impurezas acumuladas durante el año. Para mí, la lluvia de otoño limpia algo más que la atmósfera, de alguna manera también nos limpia a nosotros, nos refresca, nos oxigena. La atmósfera queda clara, nítida, cristalina y la visibilidad se hace casi infinita.

También, el otoño es la estación del color. No hay cielos tan azules ni nubes tan blancas como en otoño. En el bosque, todos los otoños se interpreta la multicromática sinfonía de los ocres. La gama inacabable de colores ocre de las hojas otoñales llega a ser todo un espectáculo para los sentidos.

Y porqué no hablar de la magia del otoño… ¿O es que la aparición de las setas no tiene algo de mágico?

Para los que nos gusta la luz, la imagen y el color, el otoño es todo menos tristeza y depresión. Es, como dicen en Costa Rica, “pura vida”.

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Un comentario para “El otoño”

  1. Jaime Aguiló Furió dice:

    ¡Sorpresa! Hola tío.
    La curiosidad me pudo e imaginé que aquellos dominios aguilo.es los habrías conseguido con el Plan Avanza del Ministerio… ¡ENGAÑANDO SOBRE TU EDAD! jajajajaja ¿Me equivoco? jajaja

    Bueno, pues bienvenido al mundo blogger. Fue todo un placer descubrir que no soy el único de la familia. Yo tengo el mío desde hace más de un año y, realmente, es todo un placer escribirlo.

    En cuanto a la entrada, a todos nos pasa lo mismo cuando vemos las estrellas, lo de sentirnos pequeños. Es fantástico.
    Ya lo decía Grouxo Marx cuando le preguntaban cómo estaba: “¿comparado con quién?”, respondía.

    Y, claro, para los fotógrafos el otoño debe estar lleno de oportunidades. A mi también me gusta, la verdad.

    Un abrazo y ¡¡¡FELIZ AÑO!!!

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