Asaltos telefónicos
Se habla mucho de la inseguridad que padecemos en las calles, de que en cualquier momento podemos ser víctimas de un asalto y correr serio peligro en nuestra integridad. Es verdad, eso está ahí, es una realidad y no hay por qué negarlo. Las administraciones públicas, tanto la estatal, como las autonómicas y locales, hacen esfuerzos permanentes, no siempre bien coordinados, a fin de que los ciudadanos nos sintamos más seguros.
Hay otro tipo de asalto del que no se habla tanto y que padecemos diariamente. Me refiero al asalto telefónico. Es un auténtico atentado a nuestra intimidad. Este asalto se puede producir en la tranquilidad de tu hogar, paseando por el campo, en un atasco, al intentar dormir a un niño, cuando estás en la ducha… No conoce horas, ni días. Igual te asaltan por el día que por la noche, en martes o en domingo. El asalto telefónico siempre se consuma.
El asaltante perpetra su delito utilizando el teléfono. Te llama -te asalta- cuando menos te los esperas. En la mayoría de los casos, como hacen los delincuentes habituales, esconden su rostro y te hacen la llamada con un número oculto. Los asaltantes son camaleónicos en su identidad, igual se disfrazan de compañía de seguros, que de operador de televisión por satélite, que de encuestador sobre nuestra vida sexual y afectiva, que visten un uniforme oficial del Instituto Nacional de Estadística (INE).
La pregunta que me hago es ¿cómo saben que existo? si mi número de teléfono no aperece en la guía porque así se lo hice constar a mi operador telefónico. Además, como soy escrupuloso y prevenido, intento ponerme “rejas” para que no me asalten telefónicamente. Así, cuando en un formulario de cualquier tipo me obligan a poner datos personales o mi teléfono, siempre hago constar que sólo doy esos datos a los efectos exclusivos del formulario. Me niego a que mis datos sean vendidos y utilizados por cualquier asaltante telefónico de turno. Está claro que las “rejas” que me pongo son de goma; las rompen todos los días.
¿Nos podemos defender?. No, nos deben defender. Nuestra defensa ante estos asaltos telefónicos la deben ejercer dos entidades que tienen esa responsabilidad. Me refiero a la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) y a la Agencia de Protección de Datos (AGPD). Está claro que deben dedicarse a otras cosas, la CMT a ponerle el mantel a las operadoras telefónicas para que nos coman más y mejor, y la AGPD… ¡Ah!, igual la AGPD ni existe.
El problema principal del asalto telefónico es que está empezando a ser aceptado socialmente como algo normal. El asalto ya lo practica la familia, los amigos, los compañeros de trabajo, los jefes, tu dentista… “Y digo yo, si me has visto hace una hora, ¿por qué me llamas para este asunto que puede esperar perfectamente hasta que nos volvamos a ver mañana?”.
Han aparecido variantes del asalto, está la variante SMS o la SPAM. Tengo un amigo que el hecho gratificante de cobrar la nómina se le ha convertido en una pesadilla. Su banco le envía un SMS a las 3 de la madrugada para informarle del ingreso.
En fin, es que hay días en que uno mataría al teléfono.

20 de Diciembre de 2008 a las 0:06
Este asalto a la intimidad de nuestros hogares no es más que el reflejo de la sociedad de la inmediatez, de la respuesta espontánea.
El teléfono es un instrumento realmente excepcional, embaucador. No negará el poder que otorga su dominio.
Podernos defender en estos días es una utopía cuando nadie está dispuesto a ceder su parcela de poder para que el prójimo pueda defenderse de la amenaza que supone cada uno de los ciudadanos de este planeta. El poder es una escalera de asaltos a la integridad, el que está en el sótano se ahoga sin poder gritar que le salven y el que está en el medio cree que sus problemas son los más graves del planeta.
Mientras la CMT y la AGPD se tapan los ojos, los Call-Center invaden nuestro pequeño rincón, rompiendo rejas porque el libre mercado lo impone.
Larga vida al Telemárketing.
Augurio deprimente en un otoño que se apaga… Otoño, la estación más bonita del año.