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Cultivar el espíritu

Miércoles, 5 de Noviembre de 2008

Por razones que no vienen al caso, he tenido que frenar en seco mi actividad y guardar un periodo de reposo. Ha sido como pasar de 150 Km/h a cero en tan sólo un instante y, además, sin cinturón de seguridad. El frenazo brusco e inesperado zarandea el cuerpo, descoyunta articulaciones y crea conmoción.

Debo pertenecer a ese grupo de personas que, sin saberlo, somos adictos a una droga: la adrenalina. Somos adrenalinómanos. Necesitamos la adrenalina para vivir; hemos de darnos nuestro “chute” diario. Si la actividad diaria no nos da la emoción necesaria para producir nuestra dosis, somos capaces de generar más actividad y tensión a nuestro alrededor para que nuestras glándulas suprarrenales se pongan a trabajar y nos proporcionen la tan anhelada droga.

El periodo de reposo que estoy guardando me ha llevado a padecer un obligado síndrome de abstinencia; ni tengo mi droga, ni la puedo producir. He tenido que recurrir a una terapia de desintoxicación; he decidido dedicarme a cultivar el espíritu. Por cierto, todo sea dicho, lo tenía últimamente bastante descuidado.

He pasado de la “actio” al “intellectus”. En esta transición me he podido dar cuenta de la innecesaria tensión en la que solemos vivir, de cómo hacemos sufrir a nuestras arterias coronarias más allá de lo debido, de que, como decía Joan Manuel Serrat en una de sus canciones, “llegamos siempre tarde a donde nunca pasa nada”. Vivimos en una sociedad estresante, absurdamente competitiva, loca, desalmada…

Volver al “intellectus” es un viaje apasionante y totalmente recomendable. Es reencontarte con la lectura, el silencio, la reflexión, la música, el pensamiento, la escritura, el ocio, los sentimientos, la creatividad, el aprendizaje… con tantas facetas olvidadas.

Vistas así las cosas hay que promover, de manera imperiosa, la implantación de los años sabáticos. Creo que en la actualidad sólo existen en el ámbito académico universitario. Hay que crearlos tanto por necesidad como por higiene mental. Es tiempo de dedicarnos más al interior, a nuestro interior; más al fondo que a las formas; a ser más orientales y menos occidentales.

Ya sé que un año -el sabático- puede parecer mucho tiempo. ¿Lo podríamos dejar, al menos, en unas semanas?. Es que es necesario.